lunes, 30 de marzo de 2009

PREMIO RED HISPANIA (Dedicado a Rictus Morte)


PREMIO RED HISPANIA "Al amor a España"
(Dedicado al amigo Rictus Morte)

El pasado 24 de marzo este blog recibió la visita del bloguero Rictus Morte, quien tuvo a bien dejar aquí un amable comentario al artículo sobre el cumpleaños del blog, Larra e tutti quanti. Él es un bloguero veterano (al menos tiene más bastante más experiencia en estas lides que quien esto escribe), autor del blog Rictus Morte, entre otros, cuya visita recomendé en su momento a algunos amigos y colegas del arte de bloguear, y hoy hago extensiva a todos los lectores, pocos o muchos, que se aventuren a pasar por estas páginas.

El caso es que pocos días después la excelente bloguera Militos concedió al blog del querido amigo Rictus el Premio Red Hispania 'Al amor a España' y él, generosa y amablemente, creyó oportuno compartir el premio con tres blogueros, porque así lo estipulan los requisitos de este galardón. Los tres blogueros elegidos por él fueron
Marce, Braincrapped y servidor de ustedes, por lo que le quedo muy agradecido aunque, como dijo el clásico, 'en mi vida me he visto en tal aprieto'.

Paso a resumir los requisitos del Premio Red Hispania:

-Colocar el premio en el lateral del blog.
-Enlazar el blog que te lo ha concedido.
-Repartirlo entre un mínimo de tres personas.

Amén de estos requisitos (con los que pienso cumplir ahora mismo), todos los galardonados con este premio pueden publicar en el blog Red Hispania para lo cual deben enviar un mensaje a la siguiente dirección de correo electrónico :

http://blogosferahispanica@gmail.com/

comunicando quién les ha concedido el premio. Una vez dado este paso, deberán aguardar la respuesta de autorización para publicar en Red Hispania.

Paso, pues, en primera instancia a colocar el logo del premio en el lateral del blog, honradísimo por haberlo recibido (sin merecerlo, no lo dudéis) y, sobre todo, honrado por la persona que ha querido compartirlo conmigo. ¡Muchas gracias, amigo Rictus Morte!

En segundo lugar, debería poner un enlace con el blog que tan generosamente me lo ha concedido, pero como este paso ya lo había dado hace días, tras recibir el amable comentario de Rictus Morte, vuelvo a darle las gracias y coloco una foto de una pipa para que este buen amigo se fume una buena dosis de su tabaco favorito, y que lo haga a su salud (valga el sinsentido), además de a la salud de todos los colegas blogueros.

Por último (¡tachán, tachán!), me permito compartir (o 're-compartir') este premio con tres blogueros distinguidos (a secas) y distinguidos por su amor a España. Son los que siguen (que me perdonen otros amigos, pero ya habrá oportunidad de extender este galardón a más gente):

-Al amigo Ariovisto, irreductible celtíbero, defensor de España y de tantas cosas buenas, amén de extraordinario y fabuloso (en todos los sentidos) narrador.
-Al amigo Chinito, sabio oriental, experto en el tema, y autor, entre otros, del blog de 'Mil naciones', quien precisamente acaba de escribir sobre nacionalismo español.
-Al amigo Dicybug, cascarrabias del semisótano, atento observador de la actualidad española y de todos sus desafueros, por su estilo ácido e incisivo.

Espero que lo acepten con la misma gratitud que yo y que ellos, a su vez, puedan compartirlo con otras personas de su agrado. Sé que ellos tres lo merecen más que yo: por eso me parece justo ofrecérselo con todo mi afecto.

No quisiera terminar sin escribir algo sobre España, dada la temática del Premio. hace tiempo escribí un post sobre 'Lo que está mal en España'. Hoy quiero expresar mi orgullo por ser español (a pesar de todos los pesares) y mi confianza en el futuro de nuestra milenaria nación, con la que no podrán acabar por mucho que algunos se empeñen. España es lo que nos une, lo que está en nuestro corazón, esa madre, a veces amorosa, a veces cruel y despiadada. Me gustaría escribir un poema a España, pero no creo que sea capaz. Por eso, dejad que os copie este de Jorge Luis Borges el cual, aunque no todo lo que en él cabe sea de mi agrado, contiene algunos versos realmente memorables. Gracias, amigos, y que lo disfrutéis:

ESPAÑA

Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.



viernes, 27 de marzo de 2009

"¿DE QUÉ MODO TE QUIERO?"

"¿DE QUÉ MODO TE QUIERO?"

Ignoro por qué o cómo ha nacido en mi mente la idea, pero el caso es que esta mañana, mientras iba al lugar donde trabajo, se me vino a la mente la figura de la poetisa inglesa Elizabeth Barrett-Browning (1806-1861), la esposa de Robert Browning, tal vez el matrimonio más entrañable, poético y romántico de toda la historia de la Literatura.

Caminaba por la calle esta mañana, entre somnoliento y distraído, como acostumbro a hacer a esas horas, y de pronto se me ha venido a la cabeza la imagen de ella, de Elizabeth, con su característico cabello, a ambos lados de la cara. Enseguida he pensado en Flush, la novela de Virginia Woolf, cuyo título alude al perrito, un cocker spaniel, que perteneció a la poetisa inglesa. Las orejas y el pelo de esta raza de perros recuerdan un poco al peinado de Elizabeth, pero esto es anecdótico.

Toda esta sucesión de ideas me sorprendió, sobre todo porque nada la había motivado. Tal vez deba acudir al psicoanalista. Lo cierto del caso es que rematé mi cascada de pensamientos acordándome de que precisamente una de las primeras biografías que Chesterton escribió fue la del poeta Robert Browning, con quien siempre se sintió bastante identificado. No puedo ocultarlo más: resumiré el amor entre Elizabeth y Robert, pues resulta una historia que bien merece contarse y es raro que no la hayan llevado al cine unas cuantas veces.

Elizabeth era una joven cultísima, dominaba varias lenguas clásicas y modernas desde su infancia, y mostraba una sensibilidad poética fuera de lo común. Su padre, Edward Moulton-Barrett, era un rico hacendado de severa y estricta moral. Varias enfermedades (tuberculosis y otras) y un estado de extrema debilidad obligaron a que Elizabeth fuera educada en su casa y a que sus padres la considerasen casi como una inválida, de forma que durante su infancia y adolescencia apenas salió de las habitaciones de su hogar.

Fue justamente el joven, romántico y rebelde poeta, Robert Browning, quien la conoció hacia 1845 y, a pesar de la oposición del padre, decidió hacerla su novia, primero, y su esposa, después. A tal punto llegaba el control del padre que Elizabeth y Robert hubieron de celebrar un matrimonio secreto, figura jurídica que admite la Iglesia en condiciones especiales. Para escándalo del padre, se fugaron de su casa, huyendo a Italia.

Gracias a Robert, la enfermiza y sensible Elizabeth había vuelto a la vida: de ser una cultísima mujer pero postrada en el lecho, encerrada tal vez de por vida, se convertió en una escritora llena de vitalidad, comprometida con algunas causas políticas y amante de su fiel esposo, que para ella fue siempre una especie de salvador.

Nadie como ellos ha encarnado el amor romántico, fiel y entregado, hasta lo más profundo del alma humana. Tuvieron un hijo y durante bastantes años vivieron libres y dichosos en Italia. Es una verdadera lástima que ella muriese poco después, en Florencia (donde está enterrada), en la Italia de su maravilloso amor, dejando a su marido en una situación de total abatimiento y tristeza. Sobre la muerte de la genial poetisa inglesa y sobre la reacción de su esposo, Chesterton escribió estas palabras en la citada biografía (Robert Browning, 1903):

"Un solo acontecimiento podía finalizar realmente aquella infinita vida de la
Arcadia italiana. Este acontecimiento ocurrió el 29 de junio de 1861. La esposa de Robert Browning murió, herida por la muerte de su hermana [...]. Murió sola en el aposento con Browning, y de lo que pasó entonces, aunque mucho se ha dicho, poco debiera decirse. Él, al cerrar la puerta de aquel aposento tras de sí, cerró una puerta en sí mismo, y nadie volvió jamás a ver a Browning sobre la Tierra, sino tan sólo una espléndida superficie" (Trad. de Simón Santainés).

Como colofón, he querido ofreceros uno de los poemas más célebres y celebrados de Elizabeth Barrett-Browning, el cual pertenece a su famosa obra Sonnets from the Portuguese (Sonetos del portugués, 1850) y es uno de los más conocidos de la poesía inglesa. Como siempre, os copio el original inglés acompañado por la versión castellana, hecha por Carlos Pujol. Espero que lo disfrutéis. Sin ninguna duda, podréis comprobar la hondura del amor de Elizabeth por Robert y la extremada sensibilidad poética de sus versos.

SONETO XLIII: HOW DO I LOVE THEE?

How do I love thee? Let me count the ways.
I love thee to the depth and breadth and height
My soul can reach, when feeling out of sight
For the ends of Being and ideal Grace.
I love thee to the level of everyday's
Most quiet need, by sun and candle-light.
I love thee freely, as men strive for Right;
I love thee purely, as they turn from Praise.
I love thee with a passion put to use
In my old griefs, and with my childhood's faith.
I love thee with a love I seemed to lose
With my lost saints, --- I love thee with the breath,
Smiles, tears, of all my life! --- and, if God choose,
I shall but love thee better after death.

SONETO XLIII: ¿DE QUÉ MODO TE QUIERO?

¿De qué modo te quiero? Pues te quiero
hasta el abismo y la región más alta
a que puedo llegar cuando persigo
los límites del Ser y el Ideal.
Te quiero en el vivir más cotidiano,
con el sol y a la luz de una candela.
Con libertad, como se aspira al Bien;
con la inocencia del que ansía gloria.
Te quiero con la fiebre que antes puse
en mi dolor y con mi fe de niña,
con el amor que yo creí perder
al perder a mis santos… Con las lágrimas
y el sonreír de mi vida… Y si Dios quiere,
te querré mucho más tras de la muerte.

martes, 24 de marzo de 2009

DE CUMPLEAÑOS, DE LARRA Y DEL VICIO DE BLOGUEAR

DE CUMPLEAÑOS, DE LARRA Y DEL VICIO DE BLOGUEAR

Uno es muy olvidadizo y despistado, ¡qué le vamos a hacer! Casi se me pasa el mes de marzo sin celebrar con todos vosotros el primer cumpleaños de este blog, entre humilde y chestertoniano, algunas veces demasiado recurrente y otras, desatendido. Pero no, cómo se me iba a olvidar la celebración del primer cumpleaños de esta mi pobre criaturita. ¿Cómo olvidarlo? Si lo quiero casi como si fuera un hijo mío. En el fondo lo es, ya que fue parido por mi ingenio, sea éste rico o escaso, torpe o desenvuelto.

El hecho es que el 12 de marzo de 2008 (justo un día después del cuarto aniversario de
los atentados del 11-M) tomé la decisión, en un más que probable arrebato de locura -muy frecuente en quien esto escribe-, de abrirme un blog. Como apenas sabía nada de este mundillo, quiso la fortuna que me lo abriera en blogger. Ignoraba entonces que hubiera otras muchas páginas desde las que componer un blog. Vino esto motivado por ciertas causas en las que no voy a entrar, pues ahora no interesa referirlas aquí, pero sí puedo decir que sentía la imperiosa necesidad de expresar mis ideas por escrito y en público. Desde el principio supe que deseaba un blog de tipo literario, pero no me decidía a hacerlo demasiado general. Como no se me dio idea mejor que echarme al coleto, los hados dispusieron que se lo dedicara a esas tres grandes personas llamadas Hilaire Belloc, Gilbert Keith Chesterton y su esposa Frances Blogg, los cuales, de un modo u otro, habían cambiado mi vida con las suyas, habían influido en mi personalidad y pensamientos y podían decirse casi santos patronos de esta página web, a cuya protección siempre me he acogido. Así, para glosar sus magníficas vidas, sus aleccionadoras obras, además de las vidas y obras de otros autores, ya fuesen contemporáneos de ellos o no, nacieron estas páginas que este mes han cumplido su primer añito de vida.

Dado que era mi segundo blog (tengo otro, pero siempre he intentado que los dos fueran totalmente autónomos, independientes y con distintos contenidos), hubo un momento en que dejé a éste un poco abandonado, ya que el otro me absorbía demasiado tiempo. Tras un año de 'bloguear'
, permitidme la palabreja, por estas procelosas aguas de Internet, creo haber llegado a un cierto equilibrio y voy actualizando ambas páginas poco a poco, según me inspiran las noticias del día, las musas de la noche o los caprichos del genio del lugar, a quien no tengo el gusto de conocer pero que, sin duda, influye en estas letras, cual duende satírico del día. Sí, amigos, hubo un momento en que advertí que esto de 'bloguear' se había convertido para mí en un auténtico vicio, del que me despertaron las gentes y cosas que merecen más atención que cualquier espacio virtual. Me consta que es costumbre entre blogueros actualizar los blogs cada día, si nos da la vida, o con la mayor frecuencia posible. A mí no me llega el tiempo para tanto, y bien que lo siento. Mejor: las buenas bebidas, en dosis pequeñas.

Y es que uno tiene obligaciones y, sobre todo, debe atender a relaciones humanas, familiares, laborales y de amistad, que son prioritarias, mucho más de lo que pueda ser un blog, aunque su escritura sea terapéutica para algunos de nosotros o bien sirva como válvula de escape para nuestras alegrías, nuestros cabreos y nuestras pequeñas veleidades literarias. Me curé del vicio de 'bloguear', tan adictivo, pero sigo dando gracias por haber descubierto este universo virtual, sobre todo por la buena gente que me he ido tropezando en el camino, experiencia que agradezco y no he de cambiar por nada ni de la que me arrepentiré nunca.

Hablaba antes de las musas y del genio del lugar, del duende satírico del día, y lo he hecho con la intención de aprovecharme del cumpleaños del blog para celebrar al mismo tiempo otro aniversario: el segundo centenario del nacimiento de Mariano José de Larra (1809-1837), padre del moderno periodismo español, santo laico de los doloridos de España, sabio precursor del espíritu de la Generación del 98 y excelente maestro de ensayistas y prosistas literarios.

Larra sigue más vivo que nunca, porque sus críticas y sus denuncias contra el analfabetismo, contra la pereza y la desidia españolas, contra la burocracia de los funcionarios o contra el abandono de nuestra patria siguen siendo temas de actualidad y, por desgracia, casi males endémicos en 'este país'... quiero decir, en España (perdón, maestro). Es seguro que Mariano José de Larra, ese pobrecito hablador, ese Andrés Niporesas de las Batuecas, ese duende satírico del día, hoy tendría su propio blog, y sería uno de los blogueros más influyentes de España. Si levantara la cabeza, quién sabe si igual se volvía a pegar un tiro, visto lo que hemos avanzado y cómo nos encanta perseverar en nuestros fantasmas, errores y horrores nacionales. Su conciencia aletea por el Madrid que le vio morir, flota en las páginas de sus artículos y en la mente de todos los que adoramos escribir y sentimos pena, indignación o dolor por los males que aquejan a España. Sirvan estas palabras como un pequeño y modesto homenaje a su gigantesca figura, a su obra sagraz, valiente, sobrecogedora y al maravilloso legado literario que nos dejó.

En fin, amigos, repito que lo mejor de esta experiencia de 'bloguear' ha sido poder conoceros, compartir vuestras páginas y las de otras personas. Reconforta, a pesar de los egos, o contando con ellos, el saber que a uno, aun siendo tan plomo, tan repetitivo, tan despistado y olvidadizo, le leen (me leéis) con tanto cariño y tanta atención. El año que viene, si Dios quiere, Hilaire, Gilbert y Frances (amén de Larra y un servidor) os esperaremos por estos lares para celebrar el segundo cumpleaños del blog. Muchísimas gracias a todos, amigos.

sábado, 21 de marzo de 2009

ALBUM DE FOTOS DE GILBERT Y FRANCES (5)

ÁLBUM DE FOTOS DE GILBERT Y FRANCES (5)

Buceando en Internet el otro día me llevé la gratísima sorpresa de encontrar tres fotos de Gilbert Chesterton y de su esposa Frances Blogg, las cuales no había visto antes y de ahí la sorpresa y la emoción del hallazgo. Estaban (y están) en una página de la BBC y, en seguida, quise bajármelas por si luego no volvía a encontrarlas (sí, queridos amigos: misterios de google, pero a veces aparecen unas fotos que luego, en otra búsqueda con las mismas palabras, no hay forma de hallar de nuevo). Días después, las colgué, para disfrute de propios y extraños, en la página de fans que Chesterton tiene en Facebook, de la cual ya hablé en otra entrada de este blog. Por cierto que esa página tiene actualmente casi 7.500 fans, dicho de paso, lo que no está nada mal. En fin, me gustaría comentar esas fotos y compartirlas con vosotros, por lo que las pongo aquí, y de esa forma continuar el álbum de fotos sobre la encantadora y adorable pareja que hace ya tiempo inició su andadura en este blog. Al lado de las fotos, algunas palabrillas mías, que son lo de menos, por supuesto. Espero y deseo que os gusten estas imágenes. Ahí van:

En esta primera podemos ver a GKC de joven, con lel cabello espeso y caracoleándole por la cabeza, luciendo una melena leonada, revuelta y romanticona, con ese aspecto de escritor bohemio que lució casi toda su vida, a pesar de los desvelos y los cuidados de su maravillosa mujer. Gracias a ella, Gilbert pudo centrarse en su labor de escritor, pues el genio se despistaba con una facilidad pasmosa. Prefería estar fuera de casa, alternando, que enclaustrado en un la biblioteca o en su hogar, escribiendo poemas o relatos. Así, cuando alguien, sorprendido por las agudezas del escritor, le preguntó que de dónde sacaba esas ideas tan ingeniosas, él siempre respondía: "Pues de los pubs". Frances supo darle la serenidad y la constancia que le hacía falta para, además de componer su ingente obra, ganarse la vida y asegurar el futuro de los dos, y de tanta gente que, directa o indirectamente, dependía de su trabajo periodístico y literario.

En la segunda foto, vemos al escritor en su madurez (las canas asomaban por su frente y la melena ya no estaba tan poblada como antaño), pero aún lleno de una energía, una vitalidad y una actividad mental envidiables. Está sentado tranquilamente, a la puerta de su casa, fumando un cigarrillo (fue firme defensor de esos pequeños vicios, que él consideraba tan humanos), y es posible que mirase a su esposa Frances, porque estaba allí, como demuestra la siguiente foto. Sin duda, ambas fueron tomadas el mismo día (el traje de Gilbert es idéntico en las dos). La actitud de absoluta calma y relajo, el pitillo en la mano izquierda, las gafas con cordel (típicas de este autor) y el cuello hoy un tanto anticuado, con la corbata y el chaleco, representan una buena estampa del escritor. Como anécdota sobre el tabaco, cabe anotar una curiosidad que nos reveló Maisie Ward, una de las secretarias de Chesterton. En su libro sobre el autor, desvela que, antes de ponerse a dictarle unas páginas, siempre realizaba el mismo ritual: con el cigarrillo encendido, trazaba la señal de la cruz con el humo, y de esa forma podía empezar a dictar sus textos, seguro de contar con la inspiración divina y de ahuyentar al maligno, que en toda ocasión encuentra lugar para colarse en nuestras vidas.

En la última de las tres fotos podemos ver a la pareja junto a la entrada de su casa. Ella está sentada, con el bolso bajo la mano izquierda, el traje con falda larga y un chal de piel sobre los hombros; él, de pie, junto a ella, con las manos en los bolsillos de la enormísima chaqueta (medía casi dos metros de altura y no nos atrevemos a decir cuánto pesaba). La foto es muy tierna, aunque ya sabemos de la flema y de la frialdad de los ingleses, y más en los de aquella época, muy remisos a mostrar en público sus emociones, aunque sean de amor y de cariño. Esta imagen trae a mi memoria un comentario de Chesterton que ahora no sé dónde leí. Tal vez en uno de sus artículos o ensayos, no estoy seguro. Se refería a la costumbre de ciertas parejas de fotografiarse estando el marido sentado, en actitud casi marcial y de dominio, mientras la pobre esposa debía permanecer de pie. Al caballeroso escritor inglés esa postura le parecía aborrecible y da buena muestra de su opinión en esta foto, donde queda patente que, de estar uno de los dos de pie, debe ser el esposo.


Espero que os hayan gustado estas imágenes, las cuales retratan a la perfección a dos personas encantadoras que supieron hacer de su vida una maravillosa aventura, llena de amor y de mutua comprensión, alegrando la vida de todos aquellos que se cruzaron en su camino. Os deseo que viváis una vida tan dichosa como la que compartieron Gilbert y Frances. Que paséis un buen fin de semana, amigos.

martes, 17 de marzo de 2009

ES INÚTIL ESCAPAR

ES INÚTIL ESCAPAR
“Siempre es agradable la compañía”, pensé, de forma ingenua, cuando por primera vez coincidí con él en el tren de vuelta a casa. Su rostro bonachón, sus pícaros ojuelos, su eterna sonrisa flotaban vaporosos en mi mente, sin que supiera cuándo o dónde le había visto antes. Él me identificó desde el primer momento. “Soy Vázquez, de quinto de E.G.B, ¿me recuerdas?”, con esa vocecilla suya, chillona, insoportable. Era Vázquez, de quinto de E.G.B, pero ni por asomo me acordaba. Tras leve vacilación, fingí reconocerle, se alegró y hablamos de aquel tiempo supuestamente compartido, tiempo ya irrecuperable. Hablamos de la vida, de nuestras vidas, del trabajo, de esto, de aquello, de lo otro y de lo de más allá. Las consabidas palabras, las palabras de cortesía. La posibilidad de volver a vernos, quedar y tomar algo. Por los viejos tiempos. ¿Qué tiempos? Pero ¿qué habíamos compartido?, si apenas le recordaba. “Mi número de móvil es…” Fin de trayecto. Fugaz despedida. De nuevo, el olvido. Pasaron los días. Volvimos a encontrarnos en el tren. “No me llamaste”. A pesar de ello, su sonrisa era permanente. “Disculpa, estuve muy ocupado, ya sabes, el trabajo”. Seguía sonriendo. Esta vez no hablamos: hablaba él. Él solamente. Hablaba sin parar, con esa vocecilla suya, chillona, insoportable. “¿No has visto esa película?...”, un tema tras otro, “riquísima merluza…”, un párrafo tras otro, “el problema de la crisis…”, sin conexión aparente, “es mejor ir en mayo…”, bombardeando mi sistema nervioso. No podía creerlo. Antes nunca nos habíamos cruzado. Ahora era imposible que dejáramos de vernos. Un día, y otro día, y otro día, todos los días, al salir del trabajo, exhausto, temeroso de tropezármelo de nuevo, temblando por tener que aguantar su incansable verborrea. Por mi propia salud mental, cambié de turno y empecé a trabajar por la tarde. Durante dos semanas no volvimos a encontrarnos. Estaba seguro de mi éxito. Y una noche, al salir de la oficina, la misma voz chillona, insoportable. “Te echaba de menos. Pero no te preocupes. Yo también he cambiado de turno”. Vuelta a empezar. Continua catarata de palabras sofocantes, monótonas, plomizas. Sin posibilidad de réplica o descanso. Una noche, y otra noche, y otra noche, todas las noches, y mil noches más. Mi esposa estaba alarmada. Yo tenía pesadillas en las que Vázquez lo inundaba todo con su mar inagotable de palabras. El mar en el que yo me ahogaba. Tenso, crispado, enloquecido, no pude evitarlo. No pude evitarlo. Es inútil escapar de un impulso semejante. Encontraron su cuerpo hecho un guiñapo junto a las vías del tren. ¿Para qué fingir? Confesé mi crimen a las autoridades. “Soy libre, soy libre, soy libre”, pensé, de forma ingenua, mientras me encerraban. A través del ventanuco de la celda se filtraba la luz de la luna. A mi lado, entre tinieblas, la vocecilla chillona, insoportable, que decía “Soy Vázquez, de quinto de E.G.B, ¿me recuerdas?”

jueves, 5 de marzo de 2009

SIR ARTHUR CONAN DOYLE (3): EL SIGNO DE LOS CUATRO

SIR ARTHUR CONAN DOYLE (3): EL SIGNO DE LOS CUATRO


En la anterior entrada de la serie dedicada a Sir Arthur Conan Doyle comentamos que, tras la publicación de Estudio en Escarlata (1887), los editores Ward y Lock de Londres, asociados con el editor norteamericano J. B. Lippincot, responsable de la Lippincot Magazine, ofrecieron a Conan Doyle la edición de una segunda novela del mismo tipo y con los mismos personajes. Esta vez Doyle fue más astuto y no vendió los derechos de autor, pero estuvo conforme y se comprometió a escribir una nueva novela en la que apareciesen Sherlock Holmes y el doctor Watson.

La nueva aventura de Holmes se llamó inicialmente The Sign of the Four (El Signo de los Cuatro), aunque luego Conan Doyle abrevió el título, dejándolo en The Sign of Four, y con esa denominación vio la luz en el número de febrero de 1890 de la Lippincot Magazine. Unos meses más tarde, fue publicada en forma de libro por el editor Spenser Blackett.

Aunque Conan Doyle obtuvo más beneficios económicos con esta segunda novela, se debe señalar que no logró más fama como novelista. Los críticos literarios de la época alababan mucho más las novelas históricas de Doyle, subgénero que a él
mismo también le agradaba más escribir, que las aventurillas policiales, tan sórdidas y truculentas, de ese curioso hombre delgado, enjuto, fumador de pipa y tocado con un ridículo sombrero de caza. Novelas históricas como Micah Clarke (1889) o La Compañía blanca (1891) fueron aplaudidas por los críticos y muy bien recibidas por el público. Sin duda, era realmente el tipo de narraciones en las que Doyle se encontraba más cómodo y que le deparaban mayores placeres como escritor. Así, la novela de El Signo de los Cuatro tuvo poca repercusión entre los lectores y los críticos ingleses de aquel tiempo, aunque Holmes y Watson ya contaban con un buen número de seguidores en Estados Unidos.

Entonces, ¿cuándo y cómo alcanzó la celebridad un personaje como el de Sherlock Holmes? No gracias a estas dos primeras novelas, que se hicieron más conocidas
después, sino merced a los relatos breves, a las narraciones cortas que Doyle llamó 'Adventures' (aventuras) y salieron publicadas en la Strand Magazine, haciendo las delicias de miles de lectores. Estas narraciones breves, a las que dedicaremos la siguiente entrada de la serie sobre Conan Doyle, supusieron el auténtico toque de fortuna de su autor y del personaje que había creado, hasta tal punto que hoy en día aún se consideran como pequeñas obras maestras y las mejores apariciones de Holmes en el universo ficticio creado por el autor escocés.

Los lectores que hayan seguido las anteriores entregas sobre autores famosos de la novela policial relacionarán esta novela con La piedra lunar, de Wilkie Collins, en la que también aparecía una piedra preciosa y tres hindúes, guardianes de la reliquia sagrada. No cabe duda de que Doyle se inspiró parcialmente en la novela de Collins, pero sus personajes, su estilo y el tratamiento de la trama difieren de modo muy notable de los de Collins. La piedra lunar es una obra maestra del género, una de sus mejores joyas, si se nos permite el juego, mientras que El Signo de los Cuatro, con ser un buen relato de aventuras y una emocionante intriga detectivesca, palidece al ser comparado con la otra novela, excelente precursora e insuperable modelo del género.

El argumento de El Signo de los Cuatro, de cuyo desenlace no adelantaremos nada, podría resumirse de esta manera: tras un primer capítulo introductorio sobre la especialidad de Holmes, es decir, la ciencia de la deducción, aparece en el piso de Baker Street una joven llamada Mary Morstan, la cual solicita de Holmes que le ayude a averiguar el paradero de su padre, el capitán Morstan, desaparecido en extrañas circunstancias. Además, la señorita Morstan leyó en el periódico Times que alguien solicitaba su dirección, la mandó y al poco tiempo comenzó a recibir cartas sin ningún mensaje escrito pero que contenían una perla. Estos envíos le llegaban una vez cada año. La última carta que recibió sí que contenía un mensaje:

"Acuda esta noche a las siete a la tercera columna, contando desde la izquierda, en la parte exterior del teatro Liceo. Si desconfía, hágase acompañar de dos amigos. Usted ha sido perjudicada y se le hará justicia. No se haga acompañar de la policía. Si lo hace, todo será inútil. Un amigo suyo desconocido".

Confusa, decidió pedir ayuda al detective londinense quien, lleno de interés por tan insólito caso, accede a acompañarla, junto al inseparable doctor Watson. Holmes descubre entonces una relación entre el capitán Morstan y el comandante Sholto, amigo del capitán y compañeros del ejército inglés en la India. La señorita Morstan le enseña a Holmes un papel con un mensaje y un extraño jeroglífico. El mensaje dice: "El Signo de los Cuatro... Jonathan Small, Mahomet Singh, Abdullah Khan, Dost Akbar". A partir de aquí comienza realmente la historia, una aventura apasionante en la que Holmes y Watson deberán resolver un crimen, descubrirán el misterio de un tesoro encontrado por tres hindúes y un inglés, y se enfrentarán a un caso de persistente y desatada venganza.

Hay dos curiosidades que, no obstante, han convertido a esta novela en una lectura imprescindible para todos los amantes de la 'Sherlockmanía' y son éstas: por un lado,
en ella podemos leer el único pasaje de todo el universo holmesiano, justo al principio de la narración, en que este personaje se inyecta una solución de cocaína, en una disolución al siete por ciento, lo que el Dr. Watson le recrimina agriamente. A esto Holmes, sin dejar de darle la razón, le responde que "estimula y aclara el cerebro de una forma tan trascendental, que me resultan pasajeros sus efectos secundarios"; por otra parte, y no sé si está bien revelarlo aquí, en este relato Watson cobra un especial interés, porque se casa con la señorita Morstan. Los maledicentes afirman que Doyle se vio obligado a casar a uno de sus personajes (y no podía ser al misógino Holmes) por las continuas y maliciosas murmuraciones de algunos lectores que veían en la convivencia de Holmes y Watson una relación homosexual oculta. Nada de esto se ha probado con la suficiente rotundidad, pero lo cierto es que Watson se casa y abandona el piso de Baker Street poco después de haberse ido a vivir con su amigo, lo que ha sido criticado con dureza, pues obligó a Conan Doyle a forzar las más peregrinas excusas para que el personaje del buen doctor pudiera abandonar el domicilio conyugal a fin de acompañar a Holmes en sus siguientes aventuras.

Estamos seguros de que los lectores que no conozcan esta novela disfrutarán de ella y, aunque no sea de las mejores de Holmes, ni de los mejores productos literarios elaborados por Doyle, presenta algunos rasgos que hacen de ella una buena muestra de garra narrativa y de trama policiaca. Si os decidís a leerla, la disfrutaréis.

lunes, 2 de marzo de 2009

DE ELECCIONES, FUTBOLISTAS Y GATOS CATALANES

DE ELECCIONES, FUTBOLISTAS Y GATOS CATALANES

Acaban de celebrarse elecciones a los parlamentos autonómicos en Galicia y en el País Vasco y ya andamos haciendo elucubraciones. El caso gallego está claro: gobernará Núñez Feijóo,
pues los electores gallegos han castigado a Touriño -recién dimitido- por sus enormes despilfarros y por su política errática y demasiado dependiente de los separatistas del Bloque Nacionalista Galego (BNG), aunque tampoco debemos escatimar mérito al señor Feijóo. Habrá que ver si cumple con sus promesas y con su programa electoral. De momento ha afirmado que gobernará 'sin siglas' (¿qué querrá decir con esto?) y anulará el decreto de política lingüística, tan lesivo para la educación en castellano. Démosle tiempo y a ver si no defrauda a sus votantes.

Si en Galicia la gobernabilidad le es favorable al PP por su mayoría absoluta, en el País Vasco lo único que parece claro y meridiano es un parlamento libre al fin de etarras enmascarados o solapados bajo siglas a cual más variopinta. En el caso vasco todo son dudas acerca de quién gobernará durante los próximos cuatro años: o bien el Partido Nacionalista Vasco (PNV), apoyado circunstancialmente por el resto de nacionalistas, con el visto bueno del PSOE, o bien el propio PSOE en minoría, con la eventual anuencia del Partido Popular y de Unión Progreso y Democracia (UPyD).

Es decir, que ahora mismo el gobierno vasco podría seguir la senda del continuismo y permanecer en manos de los nacionalistas (PNV) o bien de supuesto cambio (PSOE), y decimos supuesto porque ya se ha visto en Cataluña lo que puede suceder cuando los socialistas suceden a los nacionalistas: que, a fuerza de hacerlo bastante peor que ellos, los mejoran, cosa que a priori parecería imposible.

Todos los medios, para asombro de muchos de nosotros, dan por hecho el cambio en el parlamento de Vitoria: auguran un gobierno con el candidato Patxi López como lehendakari y los apoyos condicionados de PP y UPyD en la sesión de investidura. Permítasenos dudar de lo que otros dan como hecho. La experiencia de los años pasados demuestra que, cuando fue posible un gobierno de corte constitucional para frenar la voracidad nacionalista, fue frenado por el gobierno central, entonces presidido por Felipe Gónzalez. Esto es, que al menos en el País Vasco (no tanto en Cataluña, por la independencia política del PSC), siguen los dictados de Ferraz, o de Moncloa, si queréis, tratando de favorecer los intereses nacionales del PSOE. Hace poco lo vimos de nuevo con motivo de las elecciones en Navarra. A base de varios cambalaches, podrían haberse hecho con el poder en la Comunidad foral de Navarra, desalojando a Unión del Pueblo Navarro (UPN), pero el PSOE central, por así decirlo, no lo permitió. En suma, no creemos que el cambio sea tan claro como lo quieren ver desde la inmensa mayoría de los medios de comunicación. Tendremos que ver cómo se desarrollan los acontecimientos, por mucho que el candidato del PSOE haya expresado su deseo de formar gobierno y ser alternativa real y efectiva en el País Vasco, por primera vez en 30 años, al nacionalismo rampante. Igual se puede decir del señor Basagoiti, candidato del PP, quien ha aseverado su firme compromiso en pro del cambio pero, por mucho que él juzgue que los del PP son imprescindibles para la gobernabilidad, ésta dependerá de lo que finalmente decida el PSOE... el PSOE en Madrid, claro. Ojalá nos equivoquemos...

Todo esto del nacionalismo, tan nefasto para España como para el resto de Europa (mírese, si no, cómo ha asolado la Europa del Este), nos ha dado que pensar durante el fin de semana, a cuento de unas declaraciones del futbolista del FC Barcelona, Thierry Henry, donde aseguraba que '
Cataluña no es España, es otra cosa y eso hay que sentirlo'. La respuesta de Henry, totalmente desmotivada sobre lo que se le preguntaba en realidad ('¿Le costó mucho adaptarse [al Barcelona]?'), denota hasta dónde pueden llegar los tentáculos del nacionalismo en algunas comunidades de España. Este jugador está en su perfecto derecho de decir lo que le apetezca, pero no parece de recibo que se inmiscuya de forma tan absurda en un asunto que hiere tantas sensibilidades, tanto dentro como fuera de Cataluña. Con frecuencia vemos en el estadio del FC Barcelona pancartas enormes con el lema 'Catalonia is not Spain', como si quisieran reinvidicar ante los extranjeros que están sojuzgados o sometidos bajo la malvada bota españolista. Nada más lejos de la realidad: es al revés, son los ciudadanos catalanes los que no pueden poner los rótulos de sus comercios en castellano, los que no pueden educar a sus hijos en castellano y los que se ven privados de derechos por no dominar el catalán.

En este punto, y para finalizar, quisiera incluir la opinión de Chesterton al respecto y más de uno de los seguidores de este blog se va a sorprender. Chesterton estuvo dos veces en España, la última en 1936, los meses antes del comienzo de la Guerra Civil. Es sabido que fue un escritor que defendió la independencia de algunos pueblos sometidos a ciertos imperios. Por ejemplo, en su juventud fue partidario de los Bóers de África, frente al opresor imperialismo inglés. Amó el ansia de libertad de Polonia, nación la más esclavizada de toda la historia europea. Pues bien, en su Autobiografía, que aquí venimos repasando en la sección 'Recuerdos de infancia y adolescencia', nuestro admirado autor sostiene:

"Recientemente volví a visitar España; si los catalanes me permiten llamarla España (opiniones aparte, tengo una sincera simpatía por esos aspectos tan delicados), pues la visité a toda prisa..."

No queda demasiado claro, pero no debe extrañarnos que Chesterton viera con buenos ojos el deseo de autonomía catalana. En otra obra suya, de la misma fecha Las paradojas de Mr. Pond (1936), una serie de relatos de corte detectivesco basados en paradojas, leemos:

"Y entonces Gahagan formuló una teoría de veras preciosa partiendo de gatos [cats] y catástrofes [catastrophes] y cosas así, y habría podido iniciar una espléndida conversación sobre un problema político en el Continente.
-La cuestión catalana [catalonian], supongo..."

En el fragmento, el autor juega con palabras que comienzan por 'cat'.
Más allá de estas consideraciones, creemos que no se le debe atribuir una opinión rotundamente partidaria de los independentistas catalanes, porque él amaba España y, además, es seguro que su conocimiento de la auténtica situación española y catalana sería bastante incompleto y estaría influido por sus contactos ingleses en España. Sea como fuere, los lectores de este blog comprobarán que no siempre alabamos a Chesterton en todo lo que escribió y que, por una vez, quizá estemos en claro desacuerdo con una de sus opiniones. Eso no le resta ni un ápice de interés. Lástima que no viviera para ver el horror de nuestra Guerra Civil y desengañarse de los 'gatos catalanes' y de sus verdaderas y aviesas intenciones. Con toda seguridad, coincidiría con nosotros en los errores del nacionalismo y en su perniciosa acción sobre España y sobre gran parte de Europa.

Pasadlo bien y hasta muy pronto, queridos amigos.