jueves, 22 de diciembre de 2011

GILBERT K. CHESTERTON: EL CANDOR DEL PADRE BROWN (1)

Desde luego, no tengo perdón como bloguero. Casi termina el año de 2011 sin que tratemos del bueno del Padre Brown, siendo como es este año el del centenario de su creación, merced a la fértil, ocurrente y profunda pluma de nuestro admirado y querido Gilbert Keith Chesterton. Al fin, tras las tareas propias de mi ocupación profesional, he podido sacar un rato para escribiros algo sobre el célebre curita de Essex. 

Estas humildes pero admirativas entradas sobre Chesterton y su Padre Brown van dedicadas a nuestro amigo Alejandro, de Venezuela, que no hace mucho ha descubierto a este maravilloso autor y su personaje y cuya amistad, a través de su excelente blog, me honra y la agradezco en grado sumo. Así pues, estas entradas sobre el P. Brown han sido escritas especialmente para ti, Alejandro. Espero que te gusten. 

En realidad, el personaje del Padre Brown no nació en 1911, sino en 1910, cuando Chesterton escribió el primer cuento, "La cruz azul" ("The Blue Cross"), que tampoco se llamó así en un principio. Sea como fuere, Chesterton reunió las doce primeras aventuras con el Padre Brown como protagonista y se publicaron como libro, con el título de El candor del Padre Brown (The Innocence of Father Brown) en 1911, de ahí que sea esta fecha la que consideremos para celebrar el centenario de este famoso detective de ficción. 

Y, para ser más exactos, aún podríamos afirmar que el personaje del curita aparentemente distraído y astroso no nació en 1910, sino un poco antes, puesto que, según confesión del propio autor, estaba basado en una persona de carne y hueso: el Padre John O'Connor, sacerdote católico irlandés. 

Antes de tratar sobre el personaje y sus maravillosas aventuras, consagraremos esta primera entrada a su creación, a la forma en que nació, para lo cual se hace imprescindible que relatemos de qué modo trabaron amistad Chesterton y el Padre O'Connor. 

En la excelente biografía de Chesterton escrita por Joseph Pearce (G. K. Chesterton. Sabiduría e inocencia, Encuentro Ediciones, 1998) podemos encontrar algunas referencias interesantes sobre ambos personajes y su amistad. En febrero de 1903, O'Connor había escrito a Chesterton para expresarle su admiración: "Soy un sacerdote católico y, aunque creo que no es usted muy ortodoxo en algunos detalles, en primer lugar quiero darle las gracias de todo corazón, o quizá debería dárselas a Dios por haberle concedido esa clase de espiritualidad que a mi juicio hace que la literatura sea inmortal" (Obra citada, p. 123). 

Finalmente, fue en el año de 1904 cuando Chesterton y O'Connor pudieron conocerse en persona. 

El propio Chesterton nos relata ese encuentro en su Autobiografía (1936): "Había ido a dar una conferencia a Keighley, en los 'moors' de West Riding, y había pernoctado allí con uno de los ciudadanos destacados de aquella pequeña ciudad industrial, el cual había reunido un grupo de amigos [...], entre ellos el cura de la Iglesia Católica, un hombre pequeño con cara agradable y expresión de gnomo. Me llamó la atención el tacto y la gracia que demostraba [...]".

Tiempo más tarde, Chesterton descubrió que aquel buen sacerdote, aparentemente cándido, inocentón e ignaro, en realidad sabía mucho más de las maldades humanas que los más pérfidos hombres de aquella hipócrita sociedad. En comparación con él, dos malhechores eran como dos bebés, en cuanto a su conocimiento del mal. 

Así fue como nació el Padre Brown, como Chesterton comenta, de nuevo en las páginas de su Autobiografía: "Y surgió en mi mente la vaga idea de dedicar a un fin artístico estos cómicos despropósitos que eran, al propio tiempo, trágicos, y construir una comedia en la que un sacerdote aparentaría no saber nada, conociendo, en el fondo, el crimen mejor que los criminales. Puse esta idea esencial en un cuento ligero e improbable, llamado "La cruz azul", continuándolo a través de las series interminables de cuentos con que he afligido al mundo. En resumen, me permitía la seria libertad de tomar a mi amigo y darle unos cuantos golpes, deformando su sombrero y su paraguas, desordenando su ropa, modelando su rostro inteligente en una expresión llena de fatuidad y, en general, disfrazando al Padre O'Connor de Padre Brown" (Obra citada, p. 125). 

No obstante, Chesterton siempre aclaró que el Padre Brown solo se parecía al Padre O'Connor en su inteligencia, en su ingenio, intuición y conocimiento del alma humana, con todo lo bueno y lo malo que tiene esta, pero en nada se parecía al pobre curita en su carácter simplón o en su vestuario desharrapado y descuidado. Con estas premisas, el carácter y la personalidad del "curita de Norfolk" ya estaban forjados. Solamente había que situarlo en la escena de cada crimen, de cada pecado o debilidad humana y él, aunque en apariencia ausente y distraído, sabría penetrar en cada uno de esos enigmas humanos mucho mejor que los policías y detectives oficiales.

En la encantadora e ingeniosa historia de "La cruz azul" aparece también el personaje de Hércule Flambeau, el gigantesco ladrón, luego detective y fiel compañero de aventuras de Brown, que es sorprendido por la astucia y la sagacidad del cura católico. También aquí hace su aparición el superdetective oficial, Valentine, igualmente francés, como Flambeau. Los tres personajes pudieran ser vistos (y, de hecho, así lo han advertido algunos críticos) como una alegoría. 

Al final del cuento, los dos personajes franceses, el que vive ajeno a la Ley (Flambeau) y el que aparentemente la representa (el inspector Valentine) se quitan el sombrero ante la genialidad del Padre Brown, el cual hace como que busca su paraguas, resultando una suerte de alegoría amable de la Crucifixión: Cristo (el sacerdote), sacrificado y humilde entre los dos ladrones, el buen ladrón (Flambeau) y el mal ladrón (Valentine). Pero no debo daros más detalles acerca de esta y las subsiguientes historias que forman el libro de El candor del Padre Brown. Lo dejaremos para la siguiente entrada, si os parece bien.

En fin, quisiera desearos que paséis unas felices fiestas en la compañía de vuestros familiares y amigos. 

¡FELIZ NAVIDAD! ¡FELICES PASCUAS, AMIGOS! Y que el próximo año de 2012 os traiga toda clase de bendiciones, en forma de salud, amor, alegría, esperanza y todas las cosas buenas y deseables.

Que Dios os bendiga y Nuestra Señora, la Santísima Virgen, os proteja siempre. Hasta muy pronto, amigos.








jueves, 1 de diciembre de 2011

BARONESA DE ORCZY: EL VIEJO EN EL RINCÓN

Emma "Emmuska" Orczy, Baronesa de Orczy (1865-1947), fue, además de aristócrata y novelista, la creadora del célebre personaje de la Pimpinela Escarlata (The Scarlet Pimpernel, 1905),  protagonista de una serie de novelas en las que ese intrépido aventurero inglés, oculto bajo los más impensables disfraces, se dedicaba a rescatar y salvar a condes, barones y otros nobles franceses atribulados para ayudarles a escapar de la cruel Madame Guillotine, en los sangrientos tiempos de la Revolución francesa y del régimen del Terror de Robespierre y compañía.

Hoy que vivimos en un mundo en permanente cambio y donde los aristócratas y nobles están, en general, muy mal vistos, no sabemos si quien tendría que haber escapado habría sido el propio Pimpinela, antes de ser perseguido por los "indignados" de medio mundo. Sea como fuere, este sagaz personaje le dio fama a la Baronesa de Orzcy, aunque si ahora la traemos aquí para someterla a vuestro buen juicio y consideración no es como creadora de la Pimpinela Escarlata, sino como autora de relatos de misterio. 

En efecto, la Baronesa de Orczy es también la creadora de un singular detective, el viejo en el rincón. Lo peculiar de este "viejo en el rincón" es precisamente que pertenece a esa especie de detectives que resuelven los casos que se les plantean sin moverse de su residencia. 

En realidad, este era uno de los tipos o formas que ya había preludiado el genial Edgar Allan Poe en su historia "El misterio de Marie Rôget", ya tratado en las páginas de este blog. En esa aventura, el analítico Dupin desvela el asunto sin moverse de su cuarto, guiándose tan solo por las especulaciones que realiza al leer los artículos de diversos periódicos parisinos. De igual modo, el viejo en el rincón desentraña los enigmas que le plantean sin moverse de su "rincón". Más adelante me referiré a otros célebres personajes de esta extraña estirpe de 'detectives inmóviles'.

La primera aparición del viejo en el rincón (The Old Man in the Corner) es de 1901, en la revista The Royal Magazine, en una serie de "Seis misterios de Londres", aunque la primera vez que vio la luz en forma de libro fue en 1909, en un volumen de breves historias policiales, entre las que destacan "La misteriosa muerte en Percy Street", "El crimen de Regent's Park" o "El misterio de Dublín", entre otros. 

Las historias son narradas por la señorita Polly Burton, una joven periodista, tal vez trasunto juvenil de la propia baronesa, que relata de forma amena y objetiva las asombrosas cualidades deductivas que el viejo en el rincón usa para desvelar los más intrincados misterios. 

No sabemos a ciencia cierta quién es este hombre tan agudo e inteligente. Tampoco se nos dice cómo se llama o a qué se dedicaba en su juventud. Lo que sabemos es que el viejo es un hombre que razona sin moverse, un hombre que es puro pensamiento desde la inmovilidad de su cuarto. Mientras se encuentra sentado en un sillón, tomando té con leche y tarta de queso, realiza los más sorprendentes ejercicios de análisis deductivo, llegando a desenmascarar a muchos criminales. 

Cabe decir que el viejo en el rincón sería la antítesis de todos aquellos detectives de acción, al estilo de la mejor novela negra, tales como Sam Spade, Philip Marlowe o Lew Archer, por citar a los más conocidos. El viejo no precisa de rocambolescas aventuras, de arriesgados números de circo ni de acrobacias con una pistola en ristre. Es un hombre ciertamente intelectual, como el Profesor Van Dusen, de Futrelle, pero más viejo. Su inmovilidad se debe, sin duda, a su vejez pero ese impedimento físico no le afecta para nada para el desarrollo de sus capacidades mentales.

Se ha escrito que el personaje de la Baronesa de Orczy es el primero de los detectives inmóviles o "de sillón" (armchair detectives, por decirlo en la forma inglesa) pero ya hemos visto que existía el conocido antecedente de Poe, aunque lo que en Dupin es cosa de una aventura, se constituye en rasgo permanente e indiscutible del viejo. Otros detectives "de sillón" serían el orondo bebedor de cerveza y cultivador de orquídeas, Nero Wolfe, de Rex Stout (a quien en un futuro le dedicaremos algunas entradas aquí) o el cachazudo Isidro Parodi, de Borges y Bioy Casares, que resuelve los enigmas desde su celda, en la que cumple condena por un delito que, encima, no cometió.

En suma, el "viejo en el rincón" es uno de los detectives más peculiares de la amplísima galería de personajes que el género nos ha dejado desde que comenzara oficialmente, con las narraciones detectivescas de Poe, de mediados del siglo XIX. 

El gran mérito de la Baronesa de Orczy fue dotar de consistencia, validez y amenidad a un tipo de detective que podría no haber durado más de un par de casos. Lo peor es que, dada la inmovilidad y estatismo del personaje, muchos de los crímenes quedan resueltos pero nadie se ocupa de atrapar al culpable, con lo que se infringe una regla básica de la narración policial: que la acción de la Justicia alcance a los malhechores.



Con todo, merece la pena que los lectores se acerquen a las historias del "viejo en el rincón". Sin duda, se divertirán. Las próximas entradas sobre novela policial estarán dedicadas (al fin) a las aventuras del Padre Brown, de nuestro querido y admirado Gilbert Keith Chesterton.

Que Dios os bendiga a todos y Nuestra Señora os proteja siempre. 

Hasta pronto, amigos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

ORACIONES TRADICIONALES (15): EL NUNC DIMITTIS

Hacía mucho que no escribía una entrada de las oraciones tradicionales y ya era hora de hacerlo. Para bien o para mal (espero que sea para bien) este es un blog católico y no puede dejar de serlo. Lo contrario sería un absurdo, vistos los temas que trata. Por eso, de vez en cuando me gusta dejaros alguna reseña sobre oraciones tradicionales de la Iglesia. La mayoría las conocéis, pero otras tal vez os resulten nuevas, a pesar de existir desde hace siglos.

Hoy, Día de todos los fieles difuntos, y tras el Día de Todos los Santos, me parece conveniente escribiros sobre una de las oraciones más breves y hermosas de la liturgia cristiana. Se trata del Nunc dimittis (literalmente, Ahora, Señor, despides...), también conocido como "Canto de Simeón". 

Es una de las oraciones más antiguas de nuestra Iglesia: aparece en el Evangelio de San Lucas (Lc 2: 29-32), en griego. Es una oración que, a mi juicio, resulta adecuada para estos días. El título de "Nunc dimittis" procede de las palabras iniciales de este himno en la versión latina de la Vulgata.

Según nos cuentan, el Espíritu Santo le había prometido al devoto Simeón que no moriría sin haber visto al Salvador con sus propios ojos. 

Esta promesa se vio cumplida el día en que Nuestra Señora la Virgen y San José llevaron al Niño Jesús al Templo de Jerusalén para la ceremonia de consagración. El viejo Simeón vio al Niño, lo tomó entre sus brazos y, según la tradicion, cantó el himno que figura más abajo. 

Es una hermosa oración de gratitud, que se reza en la Liturgia de las Horas, y más concretamente en el oficio de Completas. 

Estoy seguro de que este "Canto de Simeón" os gustará mucho. Más de una vez, a mí me ha confortado rezarlo. Os dejo aquí la versión latina (el original está en griego) acompañado de una traducción castellana:

 
NUNC DIMITTIS (VERSIÓN LATINA)

Nunc dimittis servum tuum, Domine, 
secundum verbum tuum in pace:
Quia viderunt oculi mei salutare tuum
Quod parasti ante faciem omnium populorum: 
Lumen ad revelationem gentium, 
et gloriam plebis tuae Israel.



NUNC DIMITTIS -"AHORA, SEÑOR, SEGÚN TU PROMESA..."-
(VERSIÓN CASTELLANA)

Ahora, Señor, según tu promesa, 
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, 
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel. 









Que Dios os bendiga a todos y la Santísima Virgen os proteja siempre. Hasta pronto, amigos.

viernes, 28 de octubre de 2011

GASTON LEROUX: EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO

Una de las novelas policiales más sorprendentes que se han escrito es, sin duda, El misterio del cuarto amarillo, del autor francés Gaston Leroux (1868-1927). Leroux es también el creador de la famosa novela El fantasma de la Ópera (1910) que, si bien no cabe considerarla como novela policial, presenta un relato de misterio con tintes casi policiacos.

Gaston Leroux, aunque también era abogado y cronista judicial, dedicó casi toda su vida al periodismo y a la escritura de novelas, siendo algunas de las más célebres las que tienen como protagonista a su más famoso personaje, el detective Joseph Rouletabille, el cual aparece en ocho novelas, la más importante de las cuales es precisamente El misterio del cuarto amarillo, la primera de la serie de "Rouletabille".

El misterio del cuarto amarillo (Le Mystère de la Chambre Jaune) fue publicada en 1907 y presenta aquello que se denomina "problema del recinto cerrado" o "misterio del cuarto cerrado", es decir, que se halla a un muerto por asesinato en una habitación en la que parece imposible que un asesino haya entrado o salido. Antecedentes de este tipo de problema de la novela policial los hallamos en el famoso relato de Edgar Allan Poe, Los crímenes de la Rue Morgue, o en la novela de Israel Zangwill, El misterio de Big Bow, ya tratados en las páginas de este blog.

En la novela de Leroux, la joven Mathilde Stangerson es atacada por un misterioso asaltante en el cuarto donde ella duerme, que es el cuarto amarillo. El padre del Mathilde, el científico Stangerson, y el mayordomo, el tío Jacques, tras oír unos disparos, acuden al cuarto amarillo ante las insistentes llamadas de socorro de Mathilde. 

La encuentran sangrando, el cuarto revuelto y de su misterioso agresor solo queda la pistola, que luego se descubre que pertenecía al tío Jacques. Las ventanas y la puerta estaban cerradas por dentro con lo que nadie sabe cómo pudo el asesino entrar o salir del cuarto amarillo.

Ante lo irresoluble de aquel misterio, la Policía contrata los servicios del famoso detective inglés, Frederic Larsan, en tanto que el señor Stangerson contrata al joven detective Joseph Rouletabille, quien resolverá finalmente el caso, a pesar de lo sorprendente de su solución. 

Para conseguirlo, el joven y aventurero periodista Joseph Rouletabille incluso tendrá que viajar a América, además de hacer múltiples pesquisas. En el juicio del caso se acusa a Robert Darzac, el prometido de Mathilde, pero Rouletabille demuestra que Darzac no fue el responsable de la agresión.

El final de la novela resulta sorprendente y no defraudará a nadie que se acerque a ella. Como siempre, los lectores me perdonarán que no descubra la solución que encierran las páginas de esta novela, para que pueda ser disfrutada con la emoción que merece. La novela de El misterio del cuarto amarillo ha sido adaptada al cine en varias ocasiones, desde la primera versión, que se hizo en 1919, hasta una muy reciente, de 2003. 

Rouletabille, con su aire de eterno adolescente, su carácter aventurero y su perspicacia e ingenio, representa muy bien el tipo de detective amateur que nace con el Dupin de Poe y llega hasta nuestros días. Rouletabille aparece en otras aventuras debidas a la pluma de Leroux: El perfume de la dama de negro (1909, con las consecuencias del misterio del cuarto amarillo); Rouletabille con el Zar (1912); La extraña boda de Rouletabille (1914); El castillo negro (1914); Rouletabille con Krupp (1917); El crimen de Rouletabille (1921) y Rouletabille en Bohemia (1922).

Estoy convencido de que esta novela os gustará mucho y os sorprenderá por su argumento y por la resolución final. Leroux es uno de los pioneros de la novela policial, uno de los mejores autores franceses del género y esta, su obra maestra, que bien merece una lectura, puesto que se trata de uno de los clásicos del género.

Que Dios os bendiga a todos y Nuestra Señora os proteja siempre. Hasta pronto, amigos.

martes, 25 de octubre de 2011

TIPOS DIVERSOS Y ENORMES MINUCIAS

Espuela de Plata acaba de publicar dos nuevos libros de Gilbert Keith Chesterton: se trata, ni más ni menos, que de Tipos diversos y Enormes minucias, dos colecciones de artículos a cual más peculiar e interesante. 

Tipos diversos (Varied types) se publicó primero en 1902 con el título de Twelve Types y luego en 1908 con el definitivo de Tipos diversos. La traducción es de Victoria León y el prólogo de Fernando Iwasaki y se publica por primera vez en España, con lo que resulta una auténtica novedad para los lectores de Chesterton en español.

En este librito misceláneo y original, Chesterton recorre la vida de algunos personajes famosos de la Historia, entre los que se encuentran los famosos escritores Charlotte Brontë, Lord Byron, Alexander Pope, Edmond Rostand, Robert Louis Stevenson, Thomas Carlyle, Tolstoi, Walter Scott, Francis Bret Harte, Maurice Maeterlinck, Lord Alfred Tennyson y Elizabeth Barrett Browning, así como personajes de la talla de San Francisco de Asís o reyes como Carlos II, Alfredo el Grande o la Reina Victoria, entre otros.

El libro no tiene desperdicio, pues Chesterton aplica su lupa a cada una de las vidas de estos personajes para darnos su propia visión, que a los lectores les resultará sorprendente y tan fresca y actual como el dia que se escribió.

Enormes minucias (Tremendous trifles) recopila treinta y nueve artículos que Chesterton publicó en el Daily News desde 1901 y que se publicaron en libro en 1909. La edición española está traducida por Vicente Corbí y cuenta con un prólogo de Juan Lamillar.

Algunos de los artículos de este libro figuran entre los más célebres de su autor. El libro se abre, precisamente, con un artículo titulado "Enormes minucias", que otras veces ha sido traducido como "Tremendas bagatelas". En él queda probada la maestría de Chesterton como articulista, su profundidad y su ingenio. Es destacable su artículo "Ventajas de tener una pierna" como ejemplo de humorismo y de lo importante que resulta aprender a vivir con limitaciones. Y merecen citarse también los artículos "El ángel rojo" y "Vislumbre de mi país", aunque todos ellos merecen una atenta lectura.

En definitiva, el lector disfrutará de la magnífica prosa de Chesterton, aunque no siempre comparta sus ideas, como es de esperar. Recomiendo vivamente que los leáis, si tenéis tiempo y ganas. No os defraudarán.

Que Dios os bendiga y Nuestra Señora os proteja siempre. Hasta muy pronto, amigos.

martes, 18 de octubre de 2011

THE SOUTH COUNTRY: UN POEMA DE HILAIRE BELLOC

Los pocos o muchos lectores del blog (sensacionales todos, independientemente de cuántos sean) quizá habrán / habréis observado por su título que no solo está dedicado a Gilbert Keith Chesterton, sino tambien a su esposa, Frances Blogg, y a su querido amigo, Hilaire Belloc

Pues bien, con frecuencia me reprocho a mí mismo por no escribir alguna cosa más sobre Hilaire Belloc (1870-1953), autor excelente, activista político, periodista, historiador, literato y poeta católico anglofrancés. Ya le he consagrado algunas entradas del blog pero no me parecen suficientes. 

Así pues, el otro día me conjuré para buscar y encontrar algún tema sobre Hilaire Belloc y he aquí que, en un viejo libro, una antología de poesía inglesa, The Golden Road, compilada por W. Bertram White en 1949, hallé para mi sorpresa un poema de Belloc. Acto seguido, me puse a traducirlo, de forma muy rudimentaria (como es mi pobre conocimiento del inglés) y, por supuesto, sin forzar la rima en español ni el verso medido. Si hay alguna rima, que la hay, es fruto del azar o de la coincidencia de los finales en castellano, como en cualquier lengua. He de decir, no obstante, que me he permitido algunas licencias, todas ellas con el fin de que el texto sea más accesible e inteligible para el lector de lengua española.

Los lectores habrán / habréis de sufrir esta mi mala versión, ya que no he podido encontrar por ahí otra. Es un poema muy hermoso y estoy seguro de que os gustará y de que lo disfrutaréis tanto como yo. Ahí va, primero en el original inglés, y luego en mi humilde versión:

THE SOUTH COUNTRY

When I am living in the Midlands
That are sodden and unkind,
I light my lamp in the evening:
My work is left behind;
And the great hills of the South Country
Come back into my mind.

The great hills of the South Country
They stand along the sea;
And it's there walking in the high woods
That I could wish to be,
And the men that were boys when I was a boy
Walking along with me.

The men that live in North England
I saw them for a day:
Their hearts are set upon the waste fells,
Their skies are fast and grey;
From their castle-walls a man may see
The mountains far away.

The men that live in West England
They see the Severn strong,
A-rolling on rough water brown
Light aspen leaves along.
They have the secret of the Rocks,
And the oldest kind of song.

But the men that live in the South Country
Are the kindest and most wise,
They get their laughter from the loud surf,
And the faith in their happy eyes
Comes surely from our Sister the Spring
When over the sea she flies;
The violets suddenly bloom at her feet,
She blesses us with surprise.

I never get between the pines
But I smell the Sussex air;
Nor I never come on a belt of sand
But my home is there.
And along the sky the line of the Downs
So noble and so bare.

A lost thing could I never find,
Nor a broken thing mend:
And I fear I shall be all alone
When I get towards the end.
Who will there be to comfort me
Or who will be my friend?

I will gather and carefully make my friends
Of the men of the Sussex Weald;
They watch the stars from silent folds,
They stiffly plough the field.
By them and the God of the South Country
My poor soul shall be healed.

If I ever become a rich man,
Or if ever I grow to be old,
I will build a house with deep thatch
To shelter me from the cold,
And there shall the Sussex songs be sung
And the story of Sussex told.

I will hold my house in the high wood
Within a walk of the sea,
And the men that were boys when I was a boy
Shall sit and drink with me.


Río Severn


LAS TIERRAS DEL SUR

Cuando yo vivía en las tierras de los Midlands,
que son lluviosas y desapacibles, 
encendía mi lámpara al atardecer:
Mi trabajo, a un lado, olvidado,
mientras las altas cumbres de las tierras del Sur
volvían a mi mente.

Las altas cumbres de las tierras del Sur
se alzan en pie a lo largo del mar;
y es andando por entre aquellos espesos bosques
por donde a mí me gustaría estar,
y que los hombres que eran niños cuando yo era niño
me acompañaran en mi paseo.

Los hombres que viven al Norte de Inglaterra
pude verlos todo un día:
sus corazones resbalaban sobre tierra baldía,
bajo cielos veloces y grises;
desde los muros de sus castillos uno puede ver
las montañas en la lejanía. 

Los hombres que viven al Oeste de Inglaterra
contemplan el fuerte río Severn,
rodando sobre ásperas aguas marrones
que pasan ligeras dejando a lo largo su temblor.
Ellos conocen el secreto de las rocas
y la clase más vieja de canción.

Pero los hombres que habitan las tierras del Sur
son los más amables y más sabios,
pues reciben su sonrisa del ruidoso oleaje
y la fe de sus ojos felices
proviene seguramente de nuestra Hermana la Primavera
cuando con sus alas sobrevuela el mar;
las violetas florecen de repente a sus pies
y Ella nos bendice por sorpresa.

Nunca suelo ponerme entre los pinos
pero huelo con frecuencia el aire de Sussex;
ni suelo marchar sobre el suelo de arena
pero mi hogar se encuentra allí.
Y a lo largo del cielo la línea de cascadas
se me aparece tan noble y tan desnuda.

Sería incapaz de encontrar una cosa perdida
ni un remiendo para un descosido:
Y temo que estaré completamente solo
cuando me encamine hacia el final.
¿Quién estará allí para consolarme
o quién será mi amigo?

Me juntaré y con cuidado haré mis amigos
de entre los hombres de los bosques de Sussex;
los que miran las estrellas de pliegues silenciosos,
los que enhiestos cosechan los campos.
Gracias a ellos y al dios de las tierras del Sur
mi pobre alma quedará curada.


Si alguna vez llegara a ser un hombre rico
o si alcanzase la edad de la vejez,
construiría una casa de paja espesa
para abrigarme del frío.
Y allí las viejas canciones de Sussex serían cantadas
y sería cantada la historia que Sussex contó.

Levantaré mi casa en el bosque profundo,
en un paseo cercano del mar,
y los hombres que eran niños cuando yo era niño
se sentarán y beberán junto a mí.


HILAIRE BELLOC (1870-1953)


Espero que os haya gustado. Es un poema tierno, lleno de belleza natural, de buenos presagios y de amor hacia Dios, hacia los hombres (los de las tierras del Sur y los de todas las tierras, claro) y hacia Inglaterra y, por qué no, hacia cualquier lugar que amemos. 

Agradezco vuestra amable lectura. Cuidaos mucho. Que Dios os bendiga y Nuestra Señora os proteja siempre.

domingo, 9 de octubre de 2011

JACQUES FUTRELLE: LA MÁQUINA PENSANTE

Si hay un personaje peculiar dentro de los miles que ha dado la novela policial este es, sin duda, el de "la Máquina Pensante". No es demasiado conocido para el público, en general, pero estoy seguro de que, quien lea alguna de las aventuras donde aparece, no se sentirá defraudado.

El inteligente, imaginativo y aventurero personaje de "la Máquina Pensante" fue creado por el escritor y periodista norteamericano Jacques Heath Futrelle (1875-1912). Este tuvo la desgracia de morir con apenas 37 años en la tragedia del transatlántico Titanic, acaecida el 15 de abril de 1912. 

Su esposa, Lily May Peel, que también era escritora, como él, y con la cual tuvo dos hijos, también viajaba en el Titanic. Parece ser que aquella aciaga noche, Futrelle tuvo que llegar al punto de forzar a su mujer a que entrase en uno de los botes salvavidas. Ella nos ha dejado el testimonio de la última vez que vio a su esposo. Futrelle estaba en la cubierta del barco, fumando un cigarrillo, al lado del célebre hombre de negocios, John J. Astor

Por eso, la última obra de Futrelle, The Lady's Garter, fue publicada póstumamente y en la dedicatoria Lily May Peel dejó escrito: "A los héroes del Titanic, dedico el libro de mi marido". Palabras emocionantes, concisas y llenas de admiración hacia su esposo y los fallecidos en aquella dura noche de abril.


Futrelle es conocido, sobre todo, como ya he citado, por ser el creador del profesor Augustus S. F. X. Van Dusen, vaya nombre, eh, nada menos. Al profesor Van Dusen le llaman "la Máquina Pensante" por su extraordinaria inteligencia, por su capacidad para resolver los más intrincados problemas de índole policial (y no solo de este tipo) y por el ingenio que despliega en cada una de sus acciones. Al profesor Van Dusen le asiste, acompaña y narra sus aventuras el joven periodista Hutchinson Hatch, una suerte de Watson del mundillo del periodismo, en quien tal vez debamos ver un trasunto del propio Jacques Futrelle.


La más famosa de las aventuras que Futrelle escribió con el profesor Augustus Van Dusen como protagonista se titula El problema de la celda 113 (The Problem of Cell 113, historia que fue publicada en 1905 y luego incluida en el volumen de aventuras The Thinking Machine, de 1907). Manejo una edición española del año 1958, de la magnífica "Antología de las Mejores Novelas Policiales", la cual hace tantos años sacó la Editorial Acervo. Además, el traductor le cambia algo el título que en esta edición es "El preso de la celda número 113" (páginas 69-108). Por su extensión, bien puede considerarse una novel, es decir, una novela corta, más que un cuento o relato.

La narración toma como punto de partida una discusión entre dos hombres de ciencia, el Dr. Charles Ransome y el señor Alfred Fielding, que sostienen que ciertas cosas son imposibles para el ser humano, a lo que Van Dusen, un poco petulante, en palabras del narrador, replica que "Nada es imposible. La mente es dueña de todo. Cuando la ciencia reconozca este hecho, se habrá avanzado mucho" (p. 70 de la edición que cito). 

A partir de ahí, la discusión deriva en las palabras del Dr. Ransome hacia el hipotético caso de una celda donde se encierra a los condenados a muerte y de la que sea casi imposible escapar. 

El Dr. Ransome desafía a "la Máquina Pensante": "Si usted está encerrado en esa celda, ¿podría escaparse?", a lo que Van Dusen replica que sí, por supuesto. El resto lo componen la apuesta, los preparativos del desafío, la imposibilidad de que el preso se comunique, el acuerdo con el alcaide de una prisión para que en ella sea internado Van Dusen, etc. 

Todo lo que el lector pueda imaginar es poco, aunque el lector ya imaginará, por lógica narrativa, que Van Dusen logra escapar de la celda pero ¿cómo lo consigue? Hasta aquí puedo deciros sobre la trama de esta historia, para no matar vuestra curiosidad hacia ella y hacia otras que podáis conseguir con este personaje idea de la pluma de Futrelle.


Aquí no hay crimen, no hay asesinato o robo que resolver, por supuesto, pero nos sirve para comprobar la delgada frontera entre el género policial y el de las novelas de aventuras e intriga en sus primeros años de existencia. Roger Caillois, el escritor, sociólogo y crítico literario francés, insiste en su análisis de la novela policial sobre el hecho de la proximidad de estos subgéneros de la novela, sobre todo en sus inicios y antes de que naciera la novela negra.

En la introducción de esta maravillosa aventura de fuga, tan sorprendente como lógica y posible (no crea el lector en que Futrelle resuelve la apuesta con una solución descabellada) el periodista H. Hatch nos describe al curioso personaje de Van Dusen de esta manera: "Era un Ph. D., un LL.D., un F.R.S., un M.D. y un M.D.S." (más siglas a añadir a su raro nombre, ¿verdad?) Y prosigue diciendo: "Era delgado, con los hombros flacos y caídos del estudioso y la palidez de la vida sedentaria y de reclusión en su rostro afeitado. Sus ojos tenían un perpetuo estrabismo, propio de un hombre que estudia cosas pequeñas [...]. Por encima de sus ojos estaba su rasgo más impresionante: una frente alta y ancha, casi anormal por su altura y amplitud, coronada por una pesada mata de pelo rubio y enmarañado. Todo se conjuraba para darle una personalidad peculiar, casi grotesca" (p. 69).

Futrelle compuso muchas otras narraciones con "la Máquina Pensante", o Van Dusen, como protagonista, que ahora sería largo y enojoso citar, pues son 50 en total, lo que nos da medida de la creatividad y fecundidad de Futrelle como narrador y del éxito que tuvo su personaje, por muy olvidado que hoy esté. Hay una edición moderna en la Editorial Edelvives con algunas de las historias de este personaje, entre ellas la más célebre, que es esta.


Futrelle fue un hombre muy ingenioso, aventurero y un buen cronista de la sociedad de su época. Su contribución al género policial es más que destacable. Muchos han incluido al personaje del profesor Van Dusen y a esta aventura suya en particular entre las 100 mejores narraciones del género policial del siglo XX. Es un puesto más que merecido y es una lectura agradable que os recomiendo vivamente. Incluso a vuestros hijos les gustará.


Gracias por vuestra atención, amigos. Que Dios os bendiga, os libre de todo mal y Nuestra Señora os proteja siempre. Hasta muy pronto.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

UNA NOTICIA QUE NOS TRAE L'UOMO VIVO

Nuestros amigos del blog de L'Uomo Vivo nos traen una noticia que concierne a Chesterton y a España. 

Según parece, el próximo mes de octubre, concretamente entre el 12 y el 14 de ese mes, se celebrará en Barcelona un encuentro del G. K. Chesterton Institute for Faith and Culture, USA. 

Este encuentro viene motivado por la celebración del centenario del famoso personaje creado por Chesterton, el Padre Brown. Os dejo aquí el enlace con la página de L'Uomo Vivo (haz clic aquí) y en ella podréis encontrar el programa de este emocionante encuentro. 

Agradezco a nuestros amigos de la Sociedad Chestertoniana de Italia esta información y ojalá pudiéramos vernos en Barcelona con motivo de este encuentro.

Mi más sincera enhorabuena al G. K. Chesterton Institute for Faith and Culture y a nuestros amigos del blog Uomo Vivo

Saludos y que Dios os bendiga. Hasta pronto. 

martes, 27 de septiembre de 2011

CHESTERTONIANOS 2011

Después de muchos días de estar ausente del blog -por lo que pido disculpas-, antes de que termine septiembre y ya que el verano se ha acabado (oficialmente, aunque sigan las calores septembrinas), creo que es buen momento para dar a conocer los nombres de los blogueros y de los blogs que, a juicio de este vuestro humilde amigo, merecen el premio de
 
CHESTERTONIANOS 2011

Es un pequeño galardón que creamos, allá por 2009, para distinguir a todos aquellos amigos blogueros que han querido honrarnos con sus visitas, comentarios y aportaciones. 

Este año han sido cuatro los blogueros que más se han acercado a estas páginas, dejándonos sus atentas y amables intervenciones, por lo que creo de toda justicia que se han hecho acreedores del premio, el cual no comporta ninguna obligación. 

No hay por qué compartirlo con otros blogueros ni hace falta colocar en el lateral la foto con el logotipo de este año.

Sin más dilaciones, os dejo los nombres de los blogs y de los blogueros que he decidido que merezcan este galardón. Son los siguientes, por orden alfabético de nick:

-Alejandro, del blog Chocolates para Lucía. Alejandro es de Venezuela y su página, muy interesante, incluye reflexiones sobre literatura, música, cine y muchas otras cosas. Nos une la devoción por Borges (y por Chesterton, claro) e incluso la afición al fútbol, aunque él sea del Barcelona y servidor, del Madrid. Pero ¿qué hacer? En algo teníamos que discrepar, ¿no? Os invito a visitar su página.

-Explorador, del blog El explorador en el acantilado. Este es un sitio muy interesante y ameno, donde también se dan cita reflexiones sobre cultura y literatura, en especial sobre la literatura fantástica, aunque el amigo Explorador toca muchos temas, como podréis comprobar su veis su página.

-L'Uomo Vivo, del blog G. K. Chesterton-Il blog dell'Uomo Vivo. Los motivos son más que obvios en este caso. Se trata del blog oficial de la Sociedad Chestertoniana Italiana, que está realizando una inmejorable labor de difusión de la vida y obra de Chesterton en el mundo italiano. Merece la pena visitar su página, ya que se actualiza muy a menudo y en ella se contienen las últimas novedades que ningún fan de Chesterton debe dejar pasar.

-Zambullida, del blog Sobre la belleza de lo humano. Nuestra amiga Zambullida es una magnífica escritora cuyas entradas rezuman poesía, belleza y elegancia. En ellas trata sobre libros, cine, música... y sobre la vida, de la que no es nada fácil escribir, y ella nos descubre muchos aspectos del vivir de cada día con sensibilidad y emotividad contagiosas. No os perdáis su blog, que es una joya.

¡Enhorabuena a los cuatro, queridos amigos! Ya lo erais antes, pero de esta manera quedáis oficialmente nombrados como CHESTERTONIANOS 2011. Espero seguir contando con vuestra amistad. 

Que Dios os bendiga a todos y Nuestra Señora os proteja siempre, amigos. Hasta pronto.