lunes, 29 de diciembre de 2008

UN POEMA NAVIDEÑO DE CHESTERTON

UN POEMA NAVIDEÑO DE CHESTERTON

Como no podía ser de otra manera, me ha parecido interesante incluir en este blog ,que es el vuestro, un poema navideño de Gilbert Keith Chesterton. Escribió muchos, entre ellos el más famoso quizá el que dedicó a los Reyes Magos (The Wise Men, Los hombres sabios), que tal vez os ponga para el día de Reyes. Hoy os traigo otro que es una canción de Navidad, un canto al nacimiento del Niño Santo en Belén, el Príncipe de la Paz, en palabras de Chesterton. No he encontrado una buena traducción, pero creo que lo entenderéis sin muchas dificultades. Lo entiendo incluso yo, y mi inglés es muy justito. Espero que lo disfrutéis. Helo aquí:


The Christ-child lay on Mary's lap,
His hair was like a light.
(O weary, weary were the world,
But here is all aright.)

The Christ-child lay on Mary's breast
His hair was like a star.
(O stern and cunning are the kings,
But here the true hearts are.)

The Christ-child lay on Mary's heart,
His hair was like a fire.
(O weary, weary is the world,
But here the world's desire.)

The Christ-child stood on Mary's knee,
His hair was like a crown,
And all the flowers looked up at Him,
And all the stars looked down


'A Christmas Carol' poem

I

The shepherds went their hasty way,
And found the lowly stable-shed
Where the Virgin-Mother lay:
And now they checked their eager tread,
For to the Babe, that at her bosom clung,
A Mother's song the Virgin-Mother sung.

II

They told her how a glorious light,
Streaming from a heavenly throng.
Around them shone, suspending night!
While sweeter than a mother's song,
Blest Angels heralded the Savior's birth,
Glory to God on high! and Peace on Earth.

III

She listened to the tale divine,
And closer still the Babe she pressed:
And while she cried, the Babe is mine!
The milk rushed faster to her breast:
Joy rose within her, like a summer's morn;
Peace, Peace on Earth! the Prince of Peace is born.

IV

Thou Mother of the Prince of Peace,
Poor, simple, and of low estate!
That strife should vanish, battle cease,
O why should this thy soul elate?
Sweet Music's loudest note, the Poet's story,
Didst thou ne'er love to hear of fame and glory?

V

And is not War a youthful king,
A stately Hero clad in mail?
Beneath his footsteps laurels spring;
Him Earth's majestic monarchs hail
Their friends, their playmate! and his bold bright eye
Compels the maiden's love-confessing sigh.

VI

Tell this in some more courtly scene,
To maids and youths in robes of state!
I am a woman poor and mean,
And wherefore is my soul elate.
War is a ruffian, all with guilt defiled,
That from the aged father's tears his child!

VII

A murderous fiend, by fiends adored,
He kills the sire and starves the son;
The husband kills, and from her board
Steals all his widow's toil had won;
Plunders God's world of beauty; rends away
All safety from the night, all comfort from the day.

VIII

Then wisely is my soul elate,
That strife should vanish, battle cease:
I'm poor and of low estate,
The Mother of the Prince of Peace.
Joy rises in me, like a summer's morn:
Peace, Peace on Earth! The Prince of Peace is born!

martes, 23 de diciembre de 2008

ORACIONES TRADICIONALES (6): VILLANCICOS

ORACIONES TRADICIONALES (6): VILLANCICOS

Muchos son los villancicos y canciones navideñas insertos en la tradición de la Iglesia latina. Hoy quiero con todo mi cariño felicitaros la Navidad con dos himnos latinos, dos villancicos, uno de ellos muy popular y conocido: el "Adeste Fideles" y el "Puer natus in Bethlehem". Es un himno usado desde el siglo XVIII y aunque se ha atribuido a varios autores (entre ellos, a San Buenaventura), no sabemos con certeza quién lo escribió. Con el otro nos ocurre lo mismo, que desconocemos su autor. Espero, en fin, que os gusten ambos himnos, ambos villancicos y, sobre todo, os deseo que paséis unos días muy felices, una Navidad en la que nazca en nuestros corazones el Niño Santo que nació en Belén.

ADESTE FIDELES

Adeste, fideles, laeti, triumphantes,
Venite, venite in Bethlehem:
Natum videte Regem Angelorum:

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

En grege relicto, humiles ad cunas,
vocatis pastores approperant.
Et nos ovanti gradu festinemus.

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Aeterni Parentis splendorem aeternum,
Velatum sub carne videbimus
Delum Infantem, pannis involutum.

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

Pro nobis egenum et foeno cubamtem,
Piis foveamus amplexibus:
Sic nos amantem quis nos redamaret?

Venite adoremus, venite adoremus
Venite adoremus Dominum.

TRADUCCIÓN AL CASTELLANO:

Acudid, fieles, alegres, triunfantes / venid, venid a Belén / ved al nacido Rey de los ángeles

Venid adoremos / venid adoremos al Señor.

He aquí que dejado el rebaño, los pastores llamados se acercan a la humilde cuna / y nosotros nos apresuramos con paso alegre.

El esplendor eterno del Padre Eterno / lo veremos oculto bajo la carne / Al Dios Niño envuelto en pañales

Por nosotros pobre y acostado en la paja / démosle calor con nuestros cariñosos abrazos / A quien así nos ama ¿quién no le amará?

PUER NATUS IN BETHLEHEM

Puer natus in Bethlehem. Alleluia
unde gaudet Hierusalem. Alleluia, alleluia

In cordis iubilo Christum natum adoremus
cum novo cantico

Assumpsit carnem Filius. Alleluia
Dei Patris Altissimus. Alleluia, alleluia

In cordis iubilo Christum natum adoremus
cum novo cantico

In hoc natali gaudio. Alleluia
benedicamus Domino. Alleluia, alleluia

In cordis iubilo Christum natum adoremus
cum novo cantico

Laudetur Sancta Trinitas. Alleluia
Deo dicamus gratias. Alleluia, alleluia

In cordis iubilo Christum natum adoremus
cum novo cantico

TRADUCCIÓN AL CASTELLANO:

El Niño ha nacido en Belén / por lo que se alegra Jerusalén.
Con júbilo de corazón adoremos a Cristo / con un cántico nuevo.
Tomó carne el Hijo / Altísimo de Dios Padre.
En este gozo navideño / bendigamos al Señor.
Sea alabada la Santa Trinidad / demos gracias a Dios.

ADESTE FIDELES, POR LOS TRES TENORES

martes, 16 de diciembre de 2008

WILKIE COLLINS Y LA PIEDRA LUNAR (1)

WILKIE COLLINS Y LA PIEDRA LUNAR (1)

Cuando se habla de la novela La piedra lunar (The Moonstone, 1868) del escritor inglés Wilkie Collins, es tópico hacer referencia a las elogiosas palabras que el poeta T. S. Eliot le dedicó: "La primera, la más larga y la mejor novela de detectives de la literatura inglesa". Sin ninguna duda, es la primera, pero ya nos resulta más discutible que sea la más larga y que sea la mejor es, cuando menos, opinable.

No podemos negar que su lectura es sorprendente, apasionante y mágica. Constituye una novela de detectives maravillosa, magistral, pero no sabría deciros de forma taxativa si es la mejor de la literatura inglesa. No queremos contradecir al poeta y crítico inglés, por eso asumiremos como buena su opinión de que La piedra lunar es la mejor novela policiaca de la literatura inglesa, aun cuando ello sea opinable. Hablaremos de ella en éste y en un próximo post, pero antes me gustaría comentaros algunos datos acerca de la vida de Wilkie Collins.

William Wilkie Collins (1824-1889) era hijo del famoso paisajista William Collins y tal vez debió de heredar de su talentoso padre el arte de la pintura de ambientes: uno lo hizo con los pinceles y el otro con las palabras. Wilkie Collins estudió derecho, aunque nunca llegaría a ejercer como abogado, dado que pronto se dedicó a vivir de la literatura. Fue amigo íntimo de Charles Dickens y ambos llegarían a escribir juntos algunas prosas. Escritor prolífico, llegó a completar 27 novelas y más de 50 relatos, además de escribir numerosos dramas.

Aunque toda su obra es, en conjunto, interesante y de valía, las dos novelas que más fama le han dado han sido La mujer de blanco (The woman in white, 1860) y la ya citada La piedra lunar. En La mujer de blanco asistimos a una historia casi fantasmagórica, de enorme suspense y un humor inconfundible, típico de Collins. De esta obra, como de La piedra lunar, aparte del argumento victoriano, entre cómico y dramático, merece ser destacado el retrato de los personajes, algo en lo que Collins era un auténtico maestro.

La piedra lunar tiene el siguiente argumento: la joven Rachel Verinder, al cumplir los 18 años, recibe como regalo el diamante llamado 'la piedra lunar', heredado de su tío el coronel John Herncastle. Como el coronel Herncastle se había hecho con el diamante de forma criminal, arrancándolo de un ídolo hindú perteneciente a una orden religiosa, tres monjes de la orden deciden perseguirlo para recuperar la joya. Durante la noche del cumpleaños de Rachel Verinder el diamante desaparece de forma misteriosa.

Tres personajes extraños que fueron vistos merodeando por los alrededores de la mansión son detenidos y registrados, pero el diamante no es hallado entre sus pertenencias. La historia se complica cuando Rosanna Spearman, dama del servicio de Rachel y sospechosa de otros robos, se suicida arrojándose a un pantano de arenas movedizas. Al final, y gracias a la intervención del curioso detective el sargento Cuff, el diamante es recuperado y el culpable queda atrapado.

Sobre la trama, los lectores nos permitirán que no refiramos nada más, por las razones habituales: no se puede estropear el argumento ni el final de una novela policiaca. Les animamos a que lean esta novela.

En un próximo post continuaremos hablando de sus personajes y de Wilkie Collins, un escritor que no hace muchos años ha vuelto a ser descubierto en España y se ha reeditado y traducido con profusión.

martes, 9 de diciembre de 2008

LA AVENTURA DE LEER EL HOMBRE QUE FUE JUEVES

LA AVENTURA DE LEER EL HOMBRE QUE FUE JUEVES


Hace unos días, un buen amigo, también bloguero, me sorprendió muy agradablemente diciendo que se estaba leyendo la novela de Chesterton El hombre que fue Jueves. Cuál no sería mi alegría y mi gozo que le apremié para que se la terminase y así poder comentar impresiones.

Yo recelaba que no pudiera gustarle, porque ¿dónde está escrito que a todo el mundo tengan que gustarle las novelas y escritos de Chesterton? Pero una vez más me equivoqué: la novela le gustó y le dio pie para escribir un post sobre las adversidades de la vida, tema que aparece en la obra de Chesterton con cierta frecuencia.

Él mismo decía que 'la aventura podrá ser loca, pero el aventurero debe estar cuerdo para realizarla'. Pues yo veo ahora como una aventura el adentrarse por primera vez en las páginas de El hombre que fue Jueves (The Man who was Thursday, 1908). Se cumplen, pues, 100 años de la publicación de esta admirable obra.

Descubrimos en la novela al audaz protagonista, al filosófico detective Gabriel Syme, que persigue a los anarquistas infiltrándose en sus reuniones bajo el nombre de Jueves; descubrimos al malvado anarquista Gregory, que se revela como un ser de diabólicas intenciones; descubrimos a los otros anarquistas, hombres corrientes y molientes cuya vida se ve alterada por la aparición de un enigmático personaje; descubrimos, sobre todo, el personaje de Domingo, trasunto de Dios, pero un dios casi monstruoso que desconcierta a los hombres y parece jugar con ellos como si de muñecos se tratase.

Aparece también el personaje femenino, Rosamunda, amada de Syme, pero apenas cuenta en la trama de la novela, por lo que a Chesterton se le ha acusado de ser narrador 'de hombres'. No estoy de acuerdo, aunque es cierto que en esta novela el componente femenino no es importante, pero de ahí a sostener que sea éste un autor misógino o cosa por el estilo me parece una barbaridad.

La novela se lee con sumo placer, porque compendia las mejores características de la prosa chestertoniana: aguda observación de costumbres y tipos vitales; humorismo suave y regocijante; sorpresas en el argumento; pirotecnias verbales; finísima ironía y un estilo narrativo inconfundible. Sin duda, es la mejor novela de su autor y así es considerada por la mayoría de sus críticos.

Los lectores me permitirán que no les revele nada más de su contenido. Me gustaría recomendársela, que la leyeran igual que hizo este buen amigo mío. Verán cómo la disfrutan, porque es realmente deliciosa.

lunes, 1 de diciembre de 2008

ORACIONES TRADICIONALES (5): EL DIES IRAE

ORACIONES TRADICIONALES (5): EL DIES IRAE

Comenzamos el tiempo de Adviento, y aunque no sea ésta la época más adecuada para hablar de la oración tradicional que hoy os traigo (ya llegará el momento del Adeste fideles y de otros villancicos), quería comentaros algunos datos sobre la oración del Dies irae, así como brindaros, igual que siempre, el texto en la versión original latina y en su traducción castellana.

El Dies irae, o “Día de la ira”, es un famoso himno latino del siglo XIII que tradicionalmente se ha atribuido al monje franciscano Tomás de Celano (1200-1260), famoso por ser uno de los biógrafos de San Francisco de Asís. La autoría de este célebre himno de la misa de réquiem ha sido atribuida también a San Bernardo de Claraval (de quien ya tratamos al recoger aquí su célebre oración del ‘Acordaos’) o incluso al Papa Gregorio Magno.

Sea de ello lo que fuere, el poema trata, evidentemente, del Día del Juicio final y fue usado en la Misa de Réquiem de la liturgia católica hasta la revisión del Misal Romano efectuada en 1970. Con todo, aún se canta en algunos entierros esta larga e interesantísima oración que merece ser conocida. Aquí os ofrezco el texto latino, del que hay dos o tres versiones con mínimas variantes, y la traducción castellana.

TEXTO LATINO


Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla !
Quantus tremor est futurus,
quando judex est venturus,
cuncta stricte discussurus !
Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et Natura,
cum resurget creatura,
judicanti responsura.
Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde Mundus judicetur.
Judex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit,
nil inultum remanebit.
Quid sum miser tunc dicturus ?
Quem patronum rogaturus,
cum vix justus sit securus ?
Rex tremendæ majestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis.
Recordare, Jesu pie,
quod sum causa tuæ viæ ;
ne me perdas illa die.
Quærens me, sedisti lassus,
redemisti crucem passus,
tantus labor non sit cassus.
Juste Judex ultionis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.
Ingemisco, tamquam reus,
culpa rubet vultus meus,
supplicanti parce Deus.
Qui Mariam absolvisti,
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.
Preces meæ non sunt dignæ,
sed tu bonus fac benigne,
ne perenni cremer igne.
Inter oves locum præsta,
et ab hædis me sequestra,
statuens in parte dextra.
Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
judicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus.
Pie Jesu Domine,
dona eis requiem.
Amen.

TEXTO CASTELLANO

Día de la ira; día aquel
en que los siglos se reduzcan a cenizas;
como testigos el rey David y la Sibila.
¡Cuánto terror habrá en el futuro
cuando el juez haya de venir
a juzgar todo estrictamente!
La trompeta, esparciendo un sonido admirable
por los sepulcros de todos los reinos
reunirá a todos los hombres ante el trono.
La muerte y la Naturaleza se asombrarán,
cuando resucite la criatura
para que responda ante su juez.
Aparecerá el libro escrito
en que se contiene todo
y con el que se juzgará al mundo.
Así, cuando el juez se siente
lo escondido se mostrará
y no habrá nada sin castigo.
¿Qué diré yo entonces, pobre de mí?
¿A qué protector rogaré
cuando ni los justos estén seguros?
Rey de tremenda majestad
tú que, al salvar, lo haces gratuitamente,
sálvame, fuente de piedad.
Acuérdate, piadoso Jesús
de que soy la causa de tu calvario;
no me pierdas en este día.
Buscándome, te sentaste agotado
me redimiste sufriendo en la cruz
no sean vanos tantos trabajos.
Justo juez de venganza
concédeme el regalo del perdón
antes del día del juicio.
Grito, como un reo;
la culpa enrojece mi rostro.
Perdona, señor, a este suplicante.
Tú, que absolviste a Magdalena
y escuchaste la súplica del ladrón,
me diste a mí también esperanza.
Mis plegarias no son dignas,
pero tú, al ser bueno, actúa con bondad
para que no arda en el fuego eterno.
Colócame entre tu rebaño
y sepárame de los machos cabríos
situándome a tu derecha.
Tras confundir a los malditos
arrojados a las llamas voraces
hazme llamar entre los benditos.
Te lo ruego, suplicante y de rodillas,
el corazón acongojado, casi hecho cenizas:
hazte cargo de mi destino.
Día de lágrimas será aquel día
en que resucitará, del polvo
para el jucio, el hombre culpable.
A ese, pues, perdónalo, oh Dios.
Señor de piedad, Jesús,
concédeles el descanso.
Amén.